Una estrella de rock (Gloria Trevi) que quería ser presidente de la República, defendía los derechos de la mujer, abogaba por la libertad sexual, denunciaba las matanzas de indígenas en Chiapas, pasó largos años en la cárcel, enfrentando cargos de corrupción de menores, alianza con el narcotráfico y violación, como si fuera un caso-testigo de aquel maravilloso Cultura y simulacro, tratado escrito por el filósofo francés Jean Baudrillard, que describe como ninguno las características de las sociedades modernas, enunciadas siempre por los medios masivos de comunicación, que muestran lo que les conviene, nunca la verdad.
Gloria de los Ángeles Treviño Ruiz nació el 15 de febrero de 1968 en Monterrey y es cantante, actriz y compositora. Comenzó su carrera en el grupo “Boquitas pintadas” en 1985 y apenas cuatro años más tarde, gracias a su álbum ¿Qué hago aquí? era llamada “La Diva suprema del pop mexicano”.
La desenfadada y voluptuosa muchacha tuvo un primer gran éxito en la canción “El doctor Psiquiatra”, una tonada insólita en la que la chica le dice a su psicólogo que no le mire más las piernas, que “no estoy loca y quiero hacer mi vida”.
“El tema se convirtió de inmediato en un himno de inconformidad juvenil de los 90 -dice Arturo García Hernández, autor de un libro y de innumerables artículos periodísticos dedicados a la cantante-. Su éxito se basó en la provocación permanente, y fue muy bien pensado por su amante–verdugo–representante, Sergio Andrade, quien tiene la sensibilidad necesaria para saber cada una de las reacciones del público a distintas expresiones artísticas, si cabe llamarlas así”. “Todas las cosas que hacía Trevi, sus películas, sus conciertos, sus entrevistas, eran motivo de discusión pública, tanto entre los niños que la adoraban, como entre los ambientes intelectuales más prestigiosos e incluso entre políticos”, dice el periodista.
Desde la aparición masiva de la Trevi, muchos adolescentes en México se sintieron identificados con algunas de las posturas radicales que la artista propagandizaba en sus canciones. Y este nivel de influencia puede entenderse sólo aceptando que México es una de las sociedades más conservadoras del continente latinoamericano, donde algunas consignas que ya eran casi viejas en los 70 (como la chica que se quiere ir de casa, que se opone a los padres, que defiende apasionadamente su libertad sexual) resultaban novedosas en los 90.
“En muchas de las canciones de Gloria hay un discurso antiautoritario, contra los padres, contra el maestro, contra el sistema”, dice García Hernández. “No fue la primera persona en cantar estas cosas, pero ese tipo de discursos había estado a cargo de los cantores independientes, que desarrollaron su música fuera de las multinacionales, gente como Jaime López o el grupo Botellita de Jerez. Muy inteligentemente, Andrade y Trevi recuperaron ese discurso para el México de la transición y comenzaron a difundirlo en forma masiva. Y eso era lo emocionante para mucha gente, entre la que me incluyo, de que existiera una Gloria Trevi. En una democracia sui generis, cuando el unicato del Partido Revolucionario Institucional estaba llegando a su fin, sus canciones, sus actitudes, representaban todo lo nuevo, lo que finalmente podíamos expresar sin miedo y en libertad”.
De cómo la cantante contestataria devino en presidiaria, detenida durante tres años en una cárcel de Río de Janeiro a esperas de una extradición que se produjo en 2002, es sólo parte de la historia de la Trevi, quien ha vuelto a estar en el candelero a causa de la deportación desde Panamá de su progenitora, acusada de estafa al fisco (ver página 20).
Su novela lineal había sido difundida hasta el hartazgo en medios nacionales e internacionales. Desde su presunto noviazgo con “El señor de los cielos”, hasta su manera de “enganchar” a adolescentes que luego Andrade violaba y sometía a castigos inclasificables, pasando por la culpabilidad de los padres que entregaban a sus niñas sin chistar y sin hacer averiguaciones previas, al denominado clan–Trevi, todo ha sido motivo de truculentas crónicas amarillistas y todo parece revivir ahora con la detención de la madre de Gloria.
Luego de la liberación sin cargos en 2004, La Trevi se dedicó a limpiar su imagen, a tener hijos y a vivir en pareja formal con su actual marido, Armando Gómez, con quien se unió católica y fastuosamente el 17 de diciembre de 2009.