Casi 48 horas tras los sismos, equipos internacionales de búsqueda y rescate de al menos 17 países comienzan a movilizarse para ayudar.
Casi 1,000 muertos y más de 50,000 desaparecidos: el trágico balance del doble terremoto en Venezuela se dispara mientras crece la desesperación por encontrar supervivientes y la ayuda oficial es escasa.
Los sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que golpearon el norte del país el miércoles dejaron un panorama de devastación, con decenas de edificios colapsados, especialmente en La Guaira, una población costera vecina a Caracas, donde la población denuncia la precaria labor del gobierno en las labores de rescate.
La cifra de muertos por los terremotos que golpearon a Venezuela aumentó a 920 el viernes, informó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez.
En Ginebra, el jefe de ayuda humanitaria de la ONU, Tom Fletcher, dijo a la AFP que más de 50,000 personas están desaparecidas, y el gobierno venezolano da cuenta de casi 3,000 heridos.
La Guaira quedó hecha polvo. Lo que eran edificios hoy son montañas de arena y escombros.
Familiares, vecinos y voluntarios se mueven como pueden entre la destrucción, pero necesitan maquinaria especializada para poder cortar varillas de acero o remover bloques.
"¡Necesitamos máquinas... personas!", gritaba un grupo de vecinos frente a un edificio colapsado en esa región.
"Estamos nosotros mismos buscando ayuda, el pueblo buscando cómo levantar esto", clamaba otra mujer.
"Se trata de una operación de rescate extremadamente compleja", dijo el jefe de ayuda humanitaria de la ONU.
Ayuda internacional
Casi 48 horas tras los sismos, equipos internacionales de búsqueda y rescate de al menos 17 países comienzan a movilizarse para ayudar. Rescatistas de El Salvador, México, Colombia y Ecuador ya están en el país. Medios venezolanos también informaron de la llegada de equipos e insumos procedentes de Chile y Suiza.
Las tareas de rescate avanzan lentamente, y hay cuerpos aún visibles bajo los escombros.
En Caracas, en la madrugada del viernes, operarios alumbrados por un foco golpeaban con mazos los escombros de un edificio derrumbado. "Silencio absoluto", gritó de repente uno de ellos para poder escuchar a posibles personas atrapadas. "Una linterna, una linterna", dijo otro.
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